CAÑA A LOS RESPONSABLES, SOLIDARIDAD CON LOS QUE LA NECESITAN,

Las “patrullas ciudadanas” que se están organizando no son la solución, sino parte del problema
El pasado 4 de marzo se formó una “patrulla vecinal” en el Cerezo. Esta patrulla “apatrulló” el barrio expulsando a los gorrillas y aparcacoches. La convocatoria se ha extendido a más barrios. El 13 de marzo estaba convocada en Su Eminencia otra “patrulla” similar, esta vez para expulsar a los vendedores del mercadillo improvisado que se monta diariamente en esa avenida. Y probablemente veremos pronto otras convocatorias similares en otros barrios.
La “patrulla” de El Cerezo
La situación en El Cerezo y en el conjunto del distrito Macarena lleva incubándose años. Todos los servicios sociales del ayuntamiento relacionados con indigentes, con el sinhogarismo, etc, están allí concentrados. Hace varias legislaturas que el pleno del Ayuntamiento de Sevilla votó por unanimidad desconcentrar la zona, pero no se lleva a cabo. La razón es simple, cada vez que se les ocurre trasladar un servicio no lo hacen hacia los Remedios o el Casco Antiguo o Nervión, sino hacia otro barrio obrero con problemas de abandono. La respuesta lógica acaba paralizando la decisión.

persiguiendo en patrullas a gorrilas
De ese modo, un barrio que ya está guetizado, donde se acumula la inmigración, el paro y la extrema precariedad (no solo de inmigrantes) tiene concentrado allí a las personas con más necesidades sociales de la ciudad, situándose en las primeras posiciones del ranking estatal del empobrecimiento. Que esto es una bomba lo sabe cualquiera. Pero en el caso de Macarena, hay razones que hacen pensar que hay interés en explotar la bomba lo antes posible.
Macarena será un distrito obrero abandonado y degradado, pero pronto pasará por allí el Metro. Y eso lo cambia todo. La revalorización del suelo urbano que producirá el Metro puede permitir el enésimo pelotazo urbanístico. Y no resulta demasiado difícil pensar que eso es lo que puede estar detrás de estas maniobras. La palabra inglesa “gentrificación” se ha popularizado en nuestro país y significa exactamente lo que estamos viendo: hacer huir a la población humilde de un barrio que va a ser convertido en una nueva zona residencial. Para que el plan funcione, se puede hacer y se hace de muchas maneras. Para lograr que las personas que viven alquiladas con renta antigua se vayan yendo, se pueden tomar medidas más enérgicas… o se pueden formar, tolerar e incentivar patrullas ciudadanas que acabarán causando una situación que será la gota final para que mucha gente abandone la zona.
¿Estas patrullas serían tan bien tratadas por las fuerzas del orden si las viéramos contra los abusones de los alquileres por ejemplo o contra los políticos de la Junta que privatizan todo lo que pillan a su alcance? La respuesta se obtiene sola.
Y ahora, ¿más “patrullas”?

Pero si en Cerezo-Macarena tenemos el caso concreto de un pelotazo urbanístico en preparación, ¿Por qué se extiende la idea de Patrullas a otros barrios en los que esto no es así o por lo menos no tanto así, como Cerro-Su Eminencia? Aunque las patrullas del Cerezo en realidad se han enfrentado a gorrillas que son de aquí, nadie puede pasar por alto el trasfondo racista de la idea.
En realidad, los que impulsan estas patrullas no están preocupados por la situación de nuestros barrios. ¿Es que los vemos en las luchas contra los cortes de luz? No, les vimos criminalizando a los vecinos y vecinas, acusando a distritos enteros de vivir del narcotráfico y ser los causantes de sus propios apagones. ¿Les hemos visto alguna vez en las luchas porque Lipasam o TUSSAM no abandonen nuestros barrios? ¿Cuántas veces les hemos visto cuando nos concentramos, recogemos firmas, etc, en defensa de nuestros Centros de Salud o de nuestros centros de educación? En realidad nada de eso les importa. Lo único que les importa de nuestros barrios es la cantidad de inmigrantes que alojan para convertirlos en cabeza de turco y alimentar sus ideas racistas. Trabajadores inmigrantes que llegan aquí huyendo de situaciones insostenibles y que en general se han integrado en nuestra sociedad, a pesar de sufrir las peores condiciones de trabajo, la explotación decuplicada, la precariedad, todos los abusos que sufre el conjunto de la clase trabajadora pero multiplicado por su exclusión, por sus limitaciones debidas a la arbitraria falta de papeles, mientras se permite que se les chupe la sangre.
Grupos de extrema derecha aprovechan el anonimato para integrar estas patrullas. Y el grupo municipal de Vox, a través de sus videos entrevistando a comerciantes cabreados, blanquea y potencia esta situación. Son su cara institucional.
¿Y entonces?
La tensión puede estallar en cualquier momento. ¿Cuál es su raíz última? Si hay problemas de convivencia en los barrios es porque falta empleo de calidad. Si la gente vive en el agobio, es porque no hay manera de comprar ni alquilar una vivienda a un precio asequible. Si la vida es gris, es porque la sanidad se degrada, la limpieza pública ni llega y la luz se va. En última instancia, la causa de todos los males es la decadencia del capitalismo, un sistema que se sobrevive a sí mismo mediante la explotación, ya rozando la pura esclavitud.
Hay barrios, hay sectores enteros que dejan de ser rentables y se abandonan a su suerte. Y los que son rentables son los que se pueden exprimir, trabajos mal pagados con horas interminables, pisos por las nubes, alquileres de armarios empotrados convertidos en pisos patera. Todo esto cae sobre la población trabajadora como si fuera un castigo divino o una catástrofe natural. Como si fuera un terremoto o un huracán, cae sin explicación, sobre gente que no es culpable de nada. Este es el caldo de cultivo del racismo y el señalamiento de las personas que han caído en la pobreza extrema como culpables.
Cuando los terremotos, sequías y huracanes azotaban a los antiguos, éstos lo explicaban por la furia de los dioses. Cuando el paro, la precariedad, la imposibilidad de acceso a la vivienda y la destrucción de los servicios públicos azotan a las clases laboriosas, se crea el caldo de cultivo para echarle la culpa a inmigrantes, sin techo y aparcacoches. Salvo que en lugar de caer en los prejuicios, se eche mano de la consciencia. De la consciencia de clase.
Que no nos desvíen. Que no nos echen a pelearnos entre nosotros. Los culpables de los males que azotan a los barrios obreros no son los que están un poco más abajo sino los que están muy arriba. No se trata de patrullar contra gorrillas y sin techo. Se trata de patrullar contra el ayuntamiento que nos olvida y margina. Contra el gobierno autónomo que destruye la sanidad. Contra el gobierno central que dice ser “progresista” pero no hace nada en favor de la clase trabajadora, mientras las grandes compañías del ibex marcan records no vistos en décadas, sobre los beneficios ya acumulados.
Contra la Unión Europea que no es una unión de pueblos sino una cueva de ladrones. Y sobre todo contra los amos de todos ellos, los empresarios, las multinacionales chupópteras, los bancos, los fondos buitre, los que viven de nuestro trabajo, crean nuestra miseria y se aprovechan de nuestras penalidades Endesa, bancos como BBVA, Santander, Caixa,… Todos campeones de la precariedad contra nuestra clase.

